martes, 28 de diciembre de 2010

Capítulo cuatro [Ángel demoníaco]

Fic: Ángel demoníaco.
Capítulo: cuatro.
Pareja: Sesshomaru/Rin.
Género: Drama/Romance/Aventura.

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~Capítulo cuatro.- Una nueva pista~

El sol matinal arrojaba débiles rayos de luz sobre las rocas del árido paisaje. El frío era palpable por aquellos parajes de un modo casi insoportable. Gracias a Kami, Rin llevaba ya su abrigada ropa de invierno y apenas notaba la temperatura de su alrededor ―cosa que no pasaba con Jaken, quien tiritaba visiblemente para su enojo y orgullo herido―.

La joven no podía caminar muy bien todavía y le hubiese gustado ir a lomos de Ah-Un, pero el demonio la esquivaba cuando veía venir cual intento de subírsele encima. Rin seguía sin comprender qué era lo que le molestaba o qué se suponía que le había hecho para que ni siquiera la mirara. Le dolía su actitud, pues recordaba buenos momentos de cuando era una niña junto al demonio. Había tratado dos veces de hacer las paces con él, acercándose con una gran sonrisa y tratando de acariciarle suavemente la frente, pero el gruñido que había emitido fue determinante para cortar de raíz sus buenas intenciones. Jaken tampoco sabía nada del asunto, ni tan siquiera comprendía por qué el amo Sesshomaru dejaba a Ah-Un tener esa postura desafiante. Era impensable que un subordinado suyo tuviera esa actitud. El demonio sapo contuvo un estremecimiento. Si él actuara así, Sesshomaru… Mejor ni pensarlo.

Rin hizo una mueca al pisar mal entre dos piedras, pero no se quejó. No quería molestar más de lo que ya había hecho ―si es que podía llamar "molestar" a tratar de matar a su querido señor Sesshomaru…―. No, no diría una palabra. Daba igual que sus piernas se cayeran a pedazos, ella no soltaría el más diminuto lamento. Dirigió una mirada disimulada a la esbelta figura que caminaba grácilmente unos metros delante de ella. ¿Había soñado ese delicioso momento?, ¿o de verdad la había besado? Pese a ser terriblemente frustrante, no conseguía recordar nada con claridad. Siendo sincera, no veía posible el que su señor se acercara y acariciara sus labios con los suyos así, por las buenas. ¿Por qué debería hacerlo? Después de todo, ella lo había complicado todo. Sí, había sido un sueño, pero tal vez el mejor que había tenido en la vida. Casi sentía sus labios calientes cuando los tocaba con sus frías manos. Su corazón se aceleraba y su respiración se agitaba. Rin suspiró disgustada. Actuaba como una tonta. Ni tan siquiera el beso había tenido lugar. "Tonta, tonta, ¡tonta!", se repitió mentalmente llena de turbación.

―Rin, ven aquí.

La muchacha levantó la vista al instante hacia delante, sonrojándose. Mientras se decía para sí que no tenía ninguna razón para estar avergonzada, se situó al lado de su señor Sesshomaru, quien no la había mirado en ningún momento. Él lucía el aspecto de siempre: perfección terrenal. Jaken le había dicho muchas veces que era muy parecido a su padre, Inu no Taisho. Nunca supo si se refería a su poder demoníaco o a su evidente belleza, pero en ningún momento se le ocurrió preguntar―¡lo que le faltaba para que el demonio acabara de burlarse de ella! ―. Si fuera esto último, no le extrañaba nada que dos mujeres tan hermosas como Irasue, la madre del amo Sesshomaru, o Izayoi le hubieran amado. Al pensar en la madre de Inuyasha se ensoñó; ¡se enamoró de una humana! A pesar de lo que pensaran el resto de los demonios, él lo hizo. ¿Podría su hijo…? "Deja de pensar en cosas estúpidas, Rin".

―¿Tu herida ha sanado bien, Rin? ―preguntó Sesshomaru con voz impasible sacando a la joven del remolino de sus pensamientos.

―Yo… esto… Ah, claro ―balbuceó con una sonrisa nerviosa y ojos brillantes.

―Te distraes con facilidad. ―No era una pregunta.

―Lo siento.

―Debes concentrarte más, Rin. Por cosas como estas sucedió lo del lobo ―declaró con frialdad.

A Rin se le demudó la cara. Se removió nerviosamente mientras seguía manteniendo el paso junto al demonio.

―Lo lamento tanto, amo Sesshomaru. No volverá a pasar, os lo prometo ―juró tratando de adoptar una postura decidida.

―Eso espero. Pero no era de esto de lo que quería hablar. Cuando el sol se ponga voy a ir a visitar a alguien. Volveré mañana al mediodía. Díselo tú a Jaken, últimamente está más decidido a molestarme con sus tonterías que de costumbre ―añadió echando una breve mirada al pequeño demonio que peleaba con Ah-Un por subirse sobre él.

Rin hizo lo mismo. Jaken se quejaba con frecuencia de la actitud de Ah-Un, pero el señor Sesshomaru le ignoraba. También había refunfuñado una que otra vez por su propia conducta, a lo que la joven se había alegrado de que el demonio hiciera oídos sordos. Volvió la vista hacia él de nuevo.

―¿A quién vais a visitar?

―Eso no es de tu incumbencia, Rin. Ocúpate de decírselo.

Rin encajó la contestación con una leve sonrisa.

―No os preocupéis, señor Sesshomaru. Lo haré.

Él no contestó, como Rin esperaba. La siguió con la mirada mientras se giraba, volvía sobre sus pasos y se ponía a la par que Jaken. Miró al horizonte con expresión indescifrable. Ella no parecía encontrarse mal por la herida, por lo que el veneno debería estar totalmente extraído. Estaba un poco más deprimida que de costumbre, así que había supuesto a que era debido al corte que tenía en la mano. No era muy profundo, pero sólo era una humana; y de entre los humanos, las mujeres y los niños eran los más débiles. Y siendo Rin casi una niña… Frunció el ceño. No debía haberla besado. Por mucho que hubiera sido para que parara de llorar, no tendría que haberlo hecho. No había sido igual a la primera vez, pero no alcanzaba a precisar en qué. Lo que más le había preocupado es que ella sacara conclusiones precipitadas. No obstante, Rin no había hecho la más mínima alusión al beso. Sesshomaru no sabía cómo encajar eso. ¿No tenía importancia para ella?, ¿qué buscaba? Acentuando aún más el ceño de su frente, decidió adelantar su marcha.

Rin observó al demonio mientras se perdía en el horizonte. ¿A quién iba a visitar?, se preguntaba con curiosidad. Estaban en medio de un desierto, no entendía quién podía vivir allí. ¿Un demonio roca?, ¿una roca demonio?

―¿Sabes quién vive por aquí, abuelo Jaken? ―preguntó volviéndose al pequeño demonio.

―No, no lo sé, Rin. ¡No me molestes con preguntas tontas! Estoy demasiado ocupado tratando de contener a esta bestia para que podamos acampar.

La "bestia" le respondió con un profundo gruñido que le hizo retroceder. Luka se situó frente a Jaken con una postura agresiva.

―¡Mirad, ahí hay un sitio para pasar la noche! ―exclamó alegremente Rin ignorando a todo el mundo y dirigiéndose a una pequeña zona llana rodeada de altas rocas. ―Ahí no nos dará el viento. Es realmente cortante. ¿Qué hacéis ahí parados? ¡Vamos!

Lentamente dejaron de mirarse amenazadoramente y la siguieron. Rin suspiró con alivio unos metros delante de ellos. Había tenido suerte, últimamente los nervios de sus acompañantes habían estado realmente a flor de piel. Temía que finalmente explotaran ahora que Sesshomaru los había dejado por un rato.

Comieron en silencio los pequeños animalillos que había cazado Luka esa mañana. El fuego era muy débil en comparación con el frío del ambiente. Rin contuvo sus ganas de acercarse a Ah-Un para coger de sus alforjas una manta de lana. No quería problemas cuando estaba tan cansada. Se acurrucó junto a las llamas y cerró los ojos.

Un estornudo la despertó. Somnolienta, se incorporó mientras se restregaba los ojos con parsimonia. El cielo todavía no había aclarado. Soltó un sonoro bostezo y terminó de levantarse. Entonces se dirigió hacia el lado opuesto de la pila de cenizas.

―Abuelo Jaken, ¿estás malo?

El pequeño demonio la miró de reojo y se acurrucó más en su manto. No obstante, su voz fue de evidente burla:

―¿Yo, enfermo? ¡Cómo se te ocurre! Sólo los humanos pillan un resfriado.

―Yo no he dicho que hayas pillado un…

―¡Vuelve a la cama, Rin!

"Demonios", se dijo condescendiente para sí mientras meneaba la cabeza. Antes muertos que confesar que ellos también podían sangrar, como todos. Un escalofrío le recorrió de pies a cabeza. No le extrañaba que Jaken hubiera cogido frío. Su mirada adquirió un cariz de decisión. Iba a ir donde Ah-Un y coger más ropa de invierno. Si se lo daba, bien; si le plantaba cara… ya lo pensaría sobre la marcha. Que nadie dijera que ella no era capaz de improvisar. Echó a andar hacia detrás de la roca donde había visto al demonio descansar la noche anterior.

―Ah-Un, tengo frío y querría ponerme más abrigo. Ya sé que últimamente estás de morros y no me hablas, pero creo que podríamos arreglar las cosas y… ―Detrás de la roca no había nadie. Rin se paró confusa. ― ¿Ah-Un?

Gritó su nombre varias veces más, pero sólo escuchó en respuesta su propia voz rebotando contra las escarpadas paredes rocosas. ¿Ah-Un se había ido? Asustada, corrió de nuevo junto a Jaken, quien se había quedado dormido.

―¡Abuelo Jaken, despierta! ¡Ah-Un se ha ido, debemos buscarle! ―exclamaba rápidamente mientras le sacudía.

―Todos tenemos necesidades, Rin… Ya volverá… ¡y deja de quitarme la manta!

―¿Qué? No, no se ha ido a "eso", no se habría alejado tanto. ¡Se ha marchado! ¡Tenemos que ir a buscarle!

―Bah, ya tiene sus años. Que vuelva él solito. Después del trato que le ha dado al viejo Jaken estos días, que no espere que le ayude, no…

Rin miró indignada cómo el pequeño demonio volvía a taparse y cerrar los ojos. ¡Esto era increíble!

―Abuelo Jaken ―empezó de nuevo con tono razonable―, si no te preocupa Ah-Un, muy bien, puedo llegar a entenderlo. Pero tal vez si te pueda llegar a inquietar (¿un poquito?) lo que diga el amo Sesshomaru como vuelva y no le vea. Más aún: lo que dirá como sepa que no hemos salido a buscarle.

Jaken se incorporó de golpe y la miró con inseguridad. Trató poner un tono de desdén al contestar:

―Bah, ¿por qué iba a importarle al señor Sesshomaru eso? Dirá lo de siempre: ya volverá ―aventuró no sin cierto nerviosismo en la voz.

―¿He mencionado que llevamos TODO (ropa, comida seca, hierbas medicinales y varios utensilios) en las alforjas de Ah-Un?

―¡Pongámonos manos a la obra enseguida! ¿Por qué no me has despertado antes, niña tonta? ¡Siempre tengo que hacerlo todo yo! ―se quejó a viva voz mientras Rin rodaba los ojos― ¡Luka, vamos, en marcha!

El demonio lobo abrió un ojo y poco a poco se fue estirando con pereza. Rin se iba a acercar a acariciarle detrás de las orejas, pero en ese momento Luka bostezó. La visión de los afiladísimos dientes la hizo palidecer y redirigir su trayectoria. Mientras recogía la fina manta que había utilizado para dormir, se regañó a sí misma. "Es Luka, tonta, ¡no te va a hacer nada!", pensó mientras dejaba escapar un risita nerviosa.

―¿Todavía estás así, Rin? ¡Vamos!

―Sí, sí.

Sus voces resonaban a lo largo del camino rocoso, pero nadie contestaba a su reclamo. ¿Ah-Un les ignoraba deliberadamente o se había alejado tanto que no les oía? Con el paso del tiempo Rin empezó a preocuparse. ¿Y si Ah-Un les estaba escuchando pero no podía responder?, ¿estaría herido por algún otro demonio del desierto? Poco a poco su voz se fue enronqueciendo, por lo que se mantuvieron en silencio mientras caminaban. Un graznido alegre salido del hocico de Luka les sobresaltó.

―¿Qué pasa? ―exclamó Jaken sorprendido mirando al demonio, quien movía la cola animadamente.

Luka estaba eufórico. Pegaba pequeños saltitos y se posaba sobre sus patas delanteras como si estuviera jugando. Rin sonrió sin poder evitarlo. Hacía mucho tiempo que no veía así el demonio. Se había deprimido a raíz del incidente con el veneno que pasó a Rin cuando estaban entrenando. Sesshomaru le lanzaba unas miradas mortíferas, de esas que hielan la sangre ―así las había sentido Rin, y eso que no estaban dirigidas a ella―, y se refería a él como "inútil bestia". Cuando se acercaba a la joven para lamerle la mano, arrepentido, una sola mirada de Sesshomaru le echaba hacia tras velozmente.

Luka volvió a aullar animado y Jaken frunció el ceño.

―A ver, Luka, ¿Ah-Un está cerca? ―El lobo meneó la cabeza alegremente― ¿Has olido comida?, ¿no? Mmmm… Muy bien, me rindo: ¿qué te pasa, por Kami? ―El demonio le devolvió una mirada profunda con sus ojos lobunos―. ¡Maldición! ¿Por qué no podías hablar? Como el amo Sesshomaru no me dirige apenas la palabra, en ocasiones extraño una conversación intelectual, entre iguales…

―¡Yo puedo hablar contigo, abuelo Jaken! ―se ofreció Rin con una gran sonrisa.

―¿Qué parte de "intelectual" o "entre iguales" es la que no has entendido, niña tonta?

―Eres… ―empezó a decir ofendida.

―¿Qué es eso? ―inquirió Jaken abriendo mucho los ojos.

Rin se volvió malhumorada pensando que quería distraerla, pero efectivamente algo no cuadraba en el paraje. Una enorme masa de viento se arremolinaba en la lejanía de forma muy poco natural. Con curiosidad, Rin dio dos pasos al frente para salir de detrás de las paredes de piedra y poder verlo mejor, pero Jaken la detuvo agarrándola del brazo. De un tirón la puso detrás de él. Luka volvió a removerse contento.

―Jaken, ¿qué…?

―No digas nada, Rin. Tampoco te muevas ―le advirtió con el ceño fruncido y asiendo fuertemente el bastón de las cabezas. Rin permaneció en silencio por cautela.

El remolino iba en línea recta, así que no llegaría donde estaban ellos. Jaken suspiró audiblemente. Al sentir su brazo aflojarse, Rin se soltó con confusión.

―Bien, parece va a pasar de largo. No hay de qué preocuparse ―aseveró el pequeño demonio. La joven esperó a que le explicara qué iba a pasar de largo, pero ante su silenciosa satisfacción solo dijo con ironía:

―Oh, sí, menos mal que no nos han encontrado. ¡Eso sería horrible! ―añadió con una risita dando un salto. Su pelo se expandió completamente en el aire y se depositó en sus hombros suavemente.

Se oyó un silbido del viento más alto en ese momento. Cuando se volvieron a mirar, comprobaron que el remolino había cambiado de dirección. Jaken le dirigió una mirada colérica:

―¡Idiota, te dije que no te movieras! ¡Te ha olido! ―gritó mientras volvía a cogerle el brazo con fuerza.

―¿Olido…? ¿Cómo que olido? ¿Qué es eso, abuelo Jaken? ―La voz de Rin ahora era asustada.

Un escalofrío le recorrió la columna vertebral, pero no por frío esta vez. Ya había sentido antes esa sensación. El miedo empezó a dominar su cuerpo sin saber cuál era la razón. Los graznidos de Luka la ponían aún más nerviosa, y no pudo evitar retroceder un par de pasos― arrastrando a Jaken a su vez―.

Cuando la gran masa de aire arremolinada estuvo a diez metros de ellos, sólo tuvo un desesperado pensamiento: "Venid pronto, amo Sesshomaru".
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Sesshomaru miró con indiferencia la sangre de sus garras y luego al pobre diablo que había osado cortarle el paso. No sentía pena por él así como no la sentía por los débiles y los estúpidos. Y había demostrado sobradamente que era ambas cosas. ¿Cómo podría ser de otra forma si le había repetido que no tendría piedad si no se apartaba de su camino? Era verdad que por aquellos parajes no le conocían, pero el sentido de la supervivencia estaba extendido a todas las criaturas ―menos a su medio-hermano, claro―. Siguió caminado como si nada hacia la gran mansión de piedra que se imponía sobre los riscos rocosos. Había que fijarse mucho para darse cuenta de que estaba allí, pues se mimetizaba completamente con su entorno. Sesshomaru se habría pasado de largo la primera vez que estuvo recorriendo esa zona si no hubiera percibido vida demoníaca dentro.

Un segundo demonio le salió al paso para su molestia.

―¡Alto! ¿Cómo has logrado llegar hasta aquí? ―inquirió con agresividad mostrando sus filosos dientes ― No importa, da un paso más y te descuartizo. Eres también un demonio, ¿verdad? ¿O tal vez un humano? ―volvió a preguntar mirando con desconfianza el aspecto del intruso.

Sesshomaru casi dejó escapar un bufido burlón. Éste tampoco era muy poderoso. Qué gracia. Si ni tan siquiera podía percibir su energía demoníaca que podía confundirlo con un humano… Frunció el ceño. No, no le parecía en absoluto gracioso. Posó una mano en Bakusaiga, sin intención todavía en sacarla ―esa diminuta alimaña no tenía una sangre merecedora de ser la envoltura de su espada―. En cambio, dijo con voz muy suave:

―Dile a tu amo que tiene visita.

El guardia no prestó atención a lo que decía. Dio varios pasos al frente.

―¿Quién eres? Mi señor no me ha comunicado que esperaba visita y no te había visto antes, por lo que eres un enemigo.

―¿Y por qué alguien como tú debería haberme visto antes, me pregunto? No lo repetiré de nuevo: avisa a Ryota de mi llegada. No te gustaría que yo mismo me habrá paso, escoria.

―¡¿Cómo te atreves? Voy a…

―¡BASTA!

Ambos demonios se giraron en la dirección de donde provenía esa orden. Una mujer demonio se acercaba a ellos con expresión a caballo entre agitada y furiosa. Se detuvo en medio de ambos y dio la espalda a Sesshomaru. Con grandes aspavientos, empezó a gritar:

―¿Qué se supone que haces? ¡Ponte a trabajar, estúpido!

El demonio se puso a la defensiva escondiendo sus dientes.

―Eso es lo que hacía. Él…

―Él, él. ¡Él nada! Vuelve a tu puesto, que yo me encargo de esto.

Sesshomaru torció la boca al ver que se refería a él como "esto". Ryota debía atar más en corto a sus subordinados ―o tal vez tenía la mala suerte de encontrarse con los más incompetentes―. Pero no había venido aquí para eso. Se dirigió a la mujer con tono cortante.

―Llévame donde está tu amo en este mismo instante. No tengo tiempo como para perderlo en estas bufonadas.

Los ojos de ella estaban brillantes cuando se giró para mirarlo. Esa actitud no le sorprendió, esa mansión estaba llena de idiotas.

―¡Señor Sesshomaru, cuánto tiempo sin verle! ¿Me recuerda? Soy Honoka. Nos vimos en su segunda visita. Bueno, yo os vi desde lo lejos, pero…

―¿Estás sorda, mujer? Te he dicho que me lleves donde tu señor. Mi paciencia tiene un límite, y está durando más de lo que suelo tolerar.

Honoka hizo un mohín de disgusto con los labios al ver que no la llamaba por su nombre y señaló una puerta que estaba en la esquina. Le guió por uno de los pasillos laterales antes de conducirlo por el general. Estaba decepcionada, cualquiera que la mirara se daría cuenta. Había esperado que el Lord de las tierras del Oeste se deslumbrara aunque fuera un poquito con su hermosura o que hiciera algún comentario. Todos allí alguna vez la habían alabado en alguna ocasión, normalmente la primera vez que la veían. Pero él no, claro. Frunció el ceño sin que el demonio, quien la seguía, se diera cuenta. No se iba a dar por vencida. Si no fuera tan bello podría replanteárselo, pero habiéndole visto tan de cerca… No, ni hablar.

―¿Qué os trae por aquí, señor Sesshomaru? ―preguntó con alegre simpatía girándose a mirarlo directamente.

―Nada que pueda interesar a una sierva como tú ―le espetó fríamente.

"Ladras ahora, pero terminarás comiendo de la palma de mi mano", pensó con rabia. Con el orgullo herido presente en su voz, preguntó:

―Hubieras preferido que Himeko estuviera aquí, ¿verdad? Lo lamento, pero sólo estoy yo.

Sesshomaru no contestó pues no lo vio necesario. Honoka hizo una seña y un guardia abrió la puerta corredera dejándole pasar. Era una habitación frugal, típica de una casa mucho más humilde. La riqueza se veía en los detalles ―telas de seda, adornos antiquísimos de demonios y también de humanos,…―; Ryota no era un demonio ostentoso. Más bien era algo parecido a un ermitaño acogido en su soledad.

―Cada vez que vengo veo más guardias, Ryota. ¿De repente agradeces la compañía o ves cercana a tu querida amiga, la muerte? ―inquirió con serenidad mientras se sentaba frente a él.

Era un demonio realmente mayor. Su piel estaba gastada por culpa del paso de los años, y donde antes hubo una espesa cabellera rojiza ahora sólo quedaban algunos mechones canos y desaliñados. Sus ojos eran la única muestra de que una vez había sido joven, brillantes y de tonalidad violácea. Parecían llamas en mitad de la cara.

―No bromees con esas cosas, Sesshomaru ―refunfuñó mientras bebía un sorbo del cuenco que tenía frente a sí. ―¿A qué viene esta inesperada visita? ¿Qué problemas podrías tener tú para acudir a este débil viejo?

―Deja esa falsa humildad de lado, Ryota, no casa contigo ―le cortó sin dejarse sorprender.

Él se quedó callado un momento pero luego rompió en carcajadas.

―Falsa humildad, ¿eh? Nunca cambiarás. Debes aprender a ser más educado con tus mayores, y más si buscas algo de ellos, ¿no crees? ―ironizó mientras despedía a los siervos con un gesto. Cuando se quedaron solos, preguntó con curiosidad ― Pero no logro entender la razón de tu llegada, ¿qué buscas?

―Vengo a reclamar la deuda pendiente, Ryota. No olvides que yo te salvé la vida, ahora espero que tú me devuelvas el favor.

―Sí, sí ―se quejó el anciano demonio―. Deja de darle vueltas al asunto, Sesshomaru, tú siempre has sido directo. ¿Qué quieres de mí?

―Busco el Elíxir de Kami. Dime su localización exacta ―dijo mirándolo directamente a los ojos, buscando una reacción que no se hizo esperar.

―¿El Elíxir de Kami? ¡Eso no es más que un mito! Pero supongo que algo podré arreglar ―añadió al ver la mirada heladora del demonio blanco― Tengo a mi servicio a alguien que se instruyó con un nigromante y conoce todo sobre este tipo de misticismos. A mí no me interesa en absoluto, pero veo que a ti sí ―gruñó con molestia.

―Bien, ¿dónde se encuentra?

―No está aquí, pero creo con casi total seguridad que la conoces. Su nombre es Himeko, ¿la recuerdas?

Sesshomaru hizo memoria y la vio. Sí, la conocía. Mucho tiempo atrás, cerca de tres siglos, le había acompañado en su busca por ser más y más fuerte. Era una demonio fuerte por aquella época, debía serlo mucho más en la actualidad.

―¿Cuándo volverá? ―preguntó con simplicidad.

―En unos días. Salió ayer a cazar a las afueras del desierto y eso es lo que tarda en ir y volver. Puedes quedarte aquí a esperarla si lo deseas ―le ofreció a regañadientes.

Era lo que Sesshomaru esperaba, pero necesitaba asegurar su postura antes de que el solitario Ryota se echara para atrás.

―Tengo tres acompañantes más y una mascota. Imagino que tu generosidad también se extiende a ellos ,¿no es cierto?

Ryota se quedó unos momentos callado, pero al final gruñó:

― Claro, llena mi casa de extraños. No hay nada más encantador.

―No sabía que ahora te gustaran las cosas encantadoras ―comentó Sesshomaru arrastrando las palabras al tiempo que se ponía en pie.

―¿Ya te vas? Venga, ahora que te vas a quedar irremediablemente aquí déjame darte la bienvenida. Bebe un poco de sake conmigo, Sesshomaru ―siseó entrecerrando los ojos, como desafiándole a no aceptar su hospitalidad.

Sin poder hacer otra cosa, el demonio blanco se sentó y esperó pacientemente hasta que aquel demonio se quedara dormido por su evidente embriaguez.

Realmente, todos en aquella mansión eran unos idiotas.
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―¡Alto! ¡No te acerques más! Muéstrame quién eres ―ordenó Jaken blandiendo con fuerza su bastón llameante. Con lentitud se fue dispersando la polvareda y, con ella, el remolino de viento.

Rin entrecerró los ojos para tratar de identificar a quien fuera que estuviese ahí dentro, pero no lograba ver nada. La sensación de desosiego permanecía en su pecho de forma punzante, indicándole que algo no andaba bien. Cuando el viento por fin paró, una voz se levantó por encima de los riscos rocosos:

―¡Kagome!

Rin parpadeó sorprendida y Jaken gruñó. ¿Kagome?

―Kagome, querida, ¿qué haces en este lugar? ―Una figura se abrió paso en medio de la polvareda con una gran sonrisa. Detrás de él se oyeron unos gruñidos escalofriantemente familiares para Rin, quien retrocedió asustada.

Tras la figura aparecieron muchas más, y sólo entonces la joven supo por qué Luka estaba tan contento: los estaban rodeando una manada de lobos. Eran exactos a los de aquella vez: pelaje gris, ojos rojos, puntiagudos dientes,… Rin se llevó una mano al pecho. Su corazón latía con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir.

―Kagome, ¿por qué no dices nada? Ya sé que ha pasado tiempo, pero dudo que hayas podido olvidarme. ―Kouga sonrió con vanidad y se acercó unos pasos más hacia ella. No notó que Rin retrocedía en tanto él se adelantaba.

Jaken se situó frente a ella con enfado.

―¿Qué hace un pestilente lobo como tú por aquí? Sin ofender ―añadió al ver reproche en la cara de Luka―. Esto, sí, ¡márchate ahora de mi vista o atente a las consecuencias!

―Vaya, ¿tienes a "esto" por escolta? ―se burló señalando a Jaken, a quien poco le faltaba para echar humo por las orejas. ―¿Está ese chucho cerca de aquí? No he olido a ese estúpido de Inuyasha. No me digas que le has dejado por fin ―aventuró con una gran sonrisa. Rin no decía nada, simplemente miraba con fijeza. Su tez estaba muy pálida―¿Qué te pasa, Kagome? ¿Estás enferma? ¿Acaso…?

―Yo no soy la señora Kagome ―musitó mirando de reojo a la manada que los rodeaba.

―¿Cómo dices, querida?

―¡He dicho que yo no soy Kagome, la sacerdotisa!

Koga soltó una risita pensando que era una broma pero se le cortó al acercarse a mirarla mejor. Nerviosa, Rin le permitió que la observara a un metro escaso y la olisqueara el pelo. Finalmente, él se alejo contrariado.

―Tú no eres Kagome ―asintió severamente.

―Eso ya te lo había dicho.

―Pero te le pareces mucho ―siguió diciendo pensativo. Luego se le iluminó la cara― ¡Ya lo sé! ¡Eres su hermana pequeña!

―Lo siento, sólo soy su alumna. Me llamo Rin.

―Ah, yo soy Kouga, un demonio lobo ―se presentó torpemente. No podía creerse que hubiera podido confundir el olor de su adorada Kagome con tanta facilidad. ¿Habría pillado un resfriado? ― ¿Por qué hueles como Kagome sin ser siquiera de su familia?

―Oh, igual es por el kimono. Era suyo, y no me lo había puesto nunca hasta ayer ―contestó Rin relajándose al ver que los lobos no tenían intención aparente de devorarla.

Kouga sonrió. Claro, él había olido el aroma de un lobo y de una mujer humana, y al acercarse le había parecido captar la débil esencia de Kagome. Rin… había oído su nombre antes, pero no conseguía ubicarla.

―¿Por qué te has acercado aquí, si no es para comernos? ―inquirió Rin sin dar rodeos.

―¿Comeros? Yo no… ―empezó riéndose, pero se dio cuenta de que eso era lo que solía hacer antes (antes de que conociera a la bella Kagome, claro). Carraspeó y continuó seriamente― Había captado el olor de un lobo solo, y pensé que era de los míos. Hace unos días hubo una tormenta muy fuerte y perdí algunos. Ahora mismo los estaba buscando por esta zona mientras mi gente revisa los alrededores.

Luka se acercó a él de dos saltos moviendo locamente su peluda cola. El demonio se arrodilló y le acarició el pelaje con una sonrisa amistosa.

―A ti no te conozco, amigo. ¿De dónde vienes? ―Luka gruñó algo que ni Rin ni Jaken comprendieron― Ah, comprendo. Sí, la tormenta ha devastado toda aquella zona. Los animales que vivían allí se han dispersado a lugares con menos destrozos ―comentó Kouga mientras asentía. Amplió entonces su sonrisa―. Eh, ¿qué te parece la idea de venirte conmigo y unirte a mi manada? Ser un lobo solitario está bien por un tiempo, pero a la larga suele resultar aburrido no contar con amigos con los que cazar, ¿no te parece?

―¡Mucho cuidado con lo que dices, lobo! ―le espetó hablando por fin Jaken― Luka está con nosotros, ¿verdad, Rin?

―Bueno, si él…

De improvisto los cuerpos de Kouga y los lobos se pusieron alerta. En la fracción de segundo en la que la joven pensaba preguntar qué ocurría, el demonio la asió a ella con un brazo y al Jaken con el otro para empujarlos contra la pared de piedra de unos de los laterales del camino. Una ráfaga de bolas de energía inundó entonces su vista. El lugar donde habían estado un segundo antes se hundió bajo la presión que ejercía. Una figura en el cielo ocultaba tras de sí el sol.

―¿Eso es un dragón? ―preguntó Kouga en postura de ataque.

―No, no es un dragón ―corrigió Rin con tristeza―. Es Ah-Un.

El demonio estaba descontrolado. Lanzaba bolas de energía por su boca en todas direcciones y convulsionaba su cuerpo de forma poco natural. Los bozales que normalmente llevaban sus dos cabezas habían desaparecido. Soltaba unos aullidos desgarradores. "Está sufriendo", pensó Rin con angustia un momento antes de que otro ataque de Ah-Un le rozara el brazo. Kouga volvió a desplazarla a un lugar "seguro".

―Maldita sea, ¿qué le pasa? ¿Por qué nos ataca esa cosa? ―gruñó adelantándose con colmillos y garras sacados. Un pequeño brazo lo detuvo. Pensó en desasirse de un tirón, pero estaba sujeto con más fuerza de lo que había creído. Se giró para enfrentarse a la joven.

―¡No puedes atacar a Ah-Un! Él es bueno y no quiere hacernos esto. No entiendo qué le pasa… ¡pero algo le obliga a actuar así! ¡Estoy segura! ―gritó Rin desesperada al ver que el demonio lobo seguía intentando soltarse.

―No importa qué le pasa. Si nos da una de esas bolas, podría llegar a matarnos.

Rin lo sabía. Ah-Un había sido su fiel guardián cuando era una niña. Él la había protegido con mucho cuidado cuando el amo Sesshomaru iba a la batalla, pues el abuelo Jaken, por mucho que dijera, no tenía mucha fuerza. Era impensable que de repente los odiara o quisiera traicionarlos. ¿Por qué? Decidida, se abrazó completamente al brazo de Kouga para impedir su avance. Resistió cuando la zarandeó, aunque estuvo a punto de caer en un par de ocasiones. Cuando dirigió su mirada al frente, vio a Ah-Un volando delante de ellos. Sus dos cabezas preparaban una única bola de energía. Rin se paralizó. No, no iba a matarla, Ah-Un no haría eso. Kouga gritaba algo, pero ella no lo escuchaba. Sólo veía a su amigo apuntándola, dispuesto a herirla con el ataque que tantas veces había utilizado para protegerla.

La bola por fin se completó y el demonio echó ligeramente atrás la cabeza para darle impulso. El corazón de la joven se encogió, pero no cerró los ojos. Quería verle aunque fuera la última vez. Una veloz mancha borrosa la nubló la vista. Sacudió levemente la cabeza para despejársela.

―Ah-Un, basta.

El demonio soltó un aullido ensordecedor. Rin lo miró y sonrió a pesar de la situación. Sesshomaru había vuelto antes de lo previsto. Bakusaiga brillaba alzada en el aire, interpuesta entre ellos y Ah-Un. No veía el rostro del señor demoníaco, pero la joven supo al instante que estaba enfadado. Muy enfadado.

―¿No me he expresado claramente, Ah-Un? He dicho que te detengas ―repitió con voz terriblemente fría.

Sin hacerle caso, el demonio dragón cambió de objetivo y se lanzó a embestir a Sesshomaru. Sin el menor atisbo de emoción en el rostro, descargó su espada en un costado de Ah-Un, quien gimió hondamente.

―¡NO! ―gritó Rin al verle caer sobre sus patas delanteras y derrumbarse. Fue corriendo donde él para comprobar que no era una herida mortal y miró a Sesshomaru seguidamente cuando se acercó al demonio― Amo Sesshomaru, ¿por qué habéis…?

―¿No te resulta familiar lo que tiene debajo del corte, Rin? ―la cortó con recuperada indiferencia al situarse junto a ella.

La joven frunció el ceño y volvió a mirar la herida. Agrandó los ojos al percibir una mancha artificial en la escamosa piel de Ah-Un. Era… ¿tinta?

―Tiene dos capas ―La voz suave de Sesshomaru la sobresaltó. ―A simple vista se ve. Una es fresca, la otra no tanto.

―Lo revisaré, amo Sesshomaru ―dijo Jaken solícito. Tenía rasgado parte de su kimono y algo sucia la cara, pero se le veía bien.

―Rin, ¿por qué te pusiste en medio? ―inquirió Sesshomaru mientras el pequeño demonio se ponía a trabajar― Ah-Un es un demonio de ataque potente pero lento. Tenías tiempo de apartarte. El otro demonio iba a realizar un contra-ataque que iba a resultar inútil, mas tú no tenías forma de saberlo. No comprendo tu motivación, Rin.

La joven alzó la cabeza para mirarlo a los ojos. Se le veía tan perfecto como siempre, así que no podía saber si había peleado con otro demonio o no. Su expresión era tranquila, pero no sabía qué emociones atormentaban su corazón. Rin suspiró. Ella era la que no entendía las motivaciones de su señor Sesshomaru.

―No quería que Kouga hiciera daño a Ah-Un, así que le cogí del brazo. No me moví porque no creí que fuera a hacerme daño, eso es todo ―mintió bajando la vista a los pies del demonio.

―Has sido una imprudente, Rin ―Era una afirmación.

―Lo he sido. Perdonadme, amo Sesshomaru.

Sesshomaru frunció el ceño ante esa nueva disculpa. Empezaban a ser el pan de cada día. No obstante, no iba a enfadarse pues sabía que eran sinceras. Soltando un suspiro apenas audible, comentó con voz seca:

―Curiosamente, tu prudencia y capacidad de raciocinio parecen irse conmigo cada vez que os dejo a ti y a Jaken solos. No importa; en un tiempo no nos vamos a separar… ― "Es demasiado peligroso", pensó para sí mismo.

Los ojos de Rin se iluminaron por la alegría. ¿No más batallas ni reconocimientos de tantas horas? ¡Iban a permanecer todos juntos! Reprimió su infantil impulso de saltar llena de júbilo. Con esas palabras se le pasó la sensación de cercanía a la muerte que dos veces había recorrido su cuerpo ese día. Por eso fueron como un cubo de agua fría las siguientes palabras del demonio.

―… pero el lobo se irá ―La cara de Rin empalideció. Sesshomaru continuó antes de que se le ocurriera replicar algo―. Me es molesto. Ahora puede irse con el demonio lobo.

Rin despidió con lágrimas en los ojos a Luka, quien le lamió la cara para consolarla. No hacía mucho tiempo que le conocía, pero las semanas parecían años. Verle alejarse en el horizonte junto a otros tantos lobos hizo que su corazón se encogiera de pena. "Si ves a Kagome y a Inuyasha, salúdales de mi parte", había dicho Kouga antes de echar a correr junto a los demás, junto a Luka. Caminó en silencio junto a Sesshomaru mientras Jaken curaba a Ah-Un unos metros atrás. La primera capa de tinta era de unas dos semanas, justo cuando el demonio se había separado de ellos. La segunda no tenía un día. El mensaje estaba claro.

―Estará mejor con ellos, Rin.

La joven se volvió sorprendida hacia Sesshomaru. Él caminaba hacia el frente con mirada serena y andar elegante. Los guiaba a una mansión, o eso había comentado, donde había información sobre el Elíxir de Kami. No tenían tiempo que perder, ni siquiera podían detenerse a curar a Ah-Un en condiciones. El que Sesshomaru estuviera tan impaciente indicaba que la pista era segura.

―Lo sé, amo Sesshomaru ―contestó ella con voz apagada―. Pero no puedo evitar que… duela.

―Se te pasará ―afirmó con seguridad presente en su voz.

Rin asintió con dejadez. Sabía que el hecho de que Luka la hubiera infectado con su veneno había sido determinante para que Sesshomaru tomara esa decisión. El lobo estaría bien con sus semejantes, por supuesto, pero no podía evitar echarse la culpa de su ida. Para cambiar de tema, preguntó:

―Entonces, ¿los que viven en esa mansión de la que hablabais pueden ayudarnos? ¿Saben la localización exacta del Elíxir de Kami?

―Esperaremos allí la llegada de Himeko. Ella nos conducirá hasta él.

―¿Himeko? ―repitió Rin. No le sonaba nada ese nombre― ¿Quién es?

―No debes preocuparte por ella, Rin.

Rin frunció el ceño. Sesshomaru había esquivado su pregunta, como hacía cuando no quería contestar. Para no levantar sospechas, preguntó sobre el castillo y sus habitantes, a lo que Sesshomaru le explicó sobre su capacidad de fundirse con el exterior y cómo había salvado la vida a Ryota, el señor del lugar. Tan absorta estaba escuchando que se le olvidó el asunto de Himeko hasta la noche, cuando acamparon para la cena.

Decidida a no dejar su curiosidad insatisfecha, se llevó a Jaken a un aparte mientras Sesshomaru descansaba con la espalda apoyada en una roca lisa. Fingiendo que recogía ramitas secas del suelo para encender el fuego, preguntó en voz baja:

―Abuelo Jaken, ¿sabes quién es Himeko?

Jaken se la quedó mirando unos instantes y luego se llevó la mano al mentón, pensativo.

―¿Himeko? No estoy seguro… tal vez… No, esa está muerta… Pero puede que… ¡Ah, ya lo recuerdo! Creo que era la anterior acompañante del amo Sesshomaru. ¡Claro, Himeko! ―Rin le chistó para que bajara el volumen, pues Sesshomaru había abierto un ojo para observarlos― Sí, sí ―gruñó Jaken bajando la voz―. Sé quién es.

―Ah, ¿entonces fue su acompañante? ¿Por qué se separaron?

―Lo desconozco. Sólo sé que ella y el amo Sesshomaru estuvieron muy… unidos. Ya me entiendes ―Hizo un gesto locuaz que Rin no comprendió.

―¿Unidos? ¿Cómo hermanos? ―preguntó con confusión.

―Como amantes, niña tonta.

La cara de Rin adquirió una tonalidad profundamente rojiza. Jaken soltó una risita y llevó las ramitas secas a la pila. La joven se quedó quieta, sin saber qué hacer. ¿Amantes? Himeko y Sesshomaru. Sesshomaru y Himeko. Debía ser una mujer demonio impresionante, tanto en poder como hermosura. E iba a acompañarles en su viaje. Iba a ver cómo Sesshomaru la trataba cariñosamente ―después de todo, ¿no actúan así los amantes?―, cómo respondía a sus caricias. Tal vez hasta le sonreiría. Rin se sentó en el suelo, ignorando las quejas de Jaken por no ayudarle con la comida. Miró a Sesshomaru, quien a su vez no despegaba su dorada mirada de ella.

¿Cómo iba a soportarlo?

2 comentarios:

  1. Hola, Amo este fic... Es el mejor que he leído... Por favor, síguelo. Es demasiado bueno, por favor regresa.

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  2. Es verdad , porfavor sigue con esta increíble obra de arte 💗💗💗😭

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